lunes, 2 de abril de 2012

Cristina

Capitulo 6
Cristina 


     Habían pasado ya varias semanas desde el incidente con Fireblast y Tornado. Rubén ya comenzaba a socializar con más personas y no solo con Sonia. Dulce, la chica que conoció junto con Sonia resultaba ser muy simpatica aunque a veces tenía un comportamiento pesado pero en general es muy buena persona, se ponía a cantar para que Rubén la escuchara. Su horario de clases le daba un espacio libre de 2 horas entre la clase de español y la de computación, así que junto con Juan, los hermanos gemelos que se llaman Eduardo y Jesús y junto con otro chico extraño llamado Norberto, salían de la preparatoria para comer algo de los pequeños negocios de alrededor. Así también, gracias a Sonia y a Dulce, ya le hablaba a Dalia, la chica que le había gustado desde el primer día.

     Dalia tiene el cabello negro medio largo, agarrado con un pequeño chongo por detrás y dos mechones de cabello por delante, su rostro delgado y delicado le daba una sutileza a su presencia, su sonrisa remataba con una belleza extraordinaria e iluminaba hasta los rincones más oscuros no solo del planeta, sino del universo entero. Ella se juntaba con otras dos muchachas. Elena y Jazmin. Elena delgada y más alta que las demás, siempre sonreía, era su estado natural, excepto en matemáticas que su rostro se volvia un poco inexpresivo mientras su mente trataba de procesar toda la inforamción que el maestro escribía en el pizarrón. Su cabello corto le hacía ver su rostro delgado y su piel blanca, muy guapa, sencilla y carismática, y la más seria de las tres. Jazmin tenía casi la misma estatura que Dalia, ella de piel morena, rostro un poco ancho, casi siempre seria pero dispuesta dirigirte una sonrisa a modo de saludo. sus ojos grandes acentuaba sus expresiones y gustaba de mover mucho las manos al momento de hablar.

     El grupo 03 estaba tomando vida cada día entre "pasame la tarea", "explicame esto", "¿Viste ayer 'Otro Rollo'?" y demás platicas de adolecentes preparatorianos.

     Aunque Sonia y Dulce se volvieron ahora las personas con las que más hablaba Rubén, este no se iba con ellas en la salida. El papá de Sonia iba a recogerla en su camioneta y Dulce vivía cerca de la prepa. Marlene había comenzado una amistad con otras personas del grupo y ya no lo esperaba. Hasta que un día descubrió que Dalia, Jazmin y Elena caminaban en la misma dirección que Rubén, de hecho Elena tomaba el camión en el mismo lugar que Rubén.

     Hablaban casi todo el tiempo de cosas de mujeres en las que Rubén casi no tenía participación, desconocía mucho del tema; participaba solo cuando la platica se encaminaba a cosas de la escuela y que, si eran de matemáticas, tampoco entendía mucho al respecto. — ¿Pero cómo si tienes todos los ejercicios del libro contestados? — le preguntaba Dalia sorprendida — Pues si, pero como que los conocimientos nuevos desplazan los anteriores — contestaba él. — oigan — interrumpió Jazmin — ¿Supieron de la señora que secuestraba chavas? — Todos miraron a Jazmin — Lo escuché hoy en las noticias — Dalia asintió con la cabeza — si, lo recuerdo. Decían que estuvieron a punto de atraparle y se les escapó — continuaron su platica acerca de dicha criminal que secuestrava jovencitas, Rubén había escuchado cosas por el estilo pero nada en concreto,  las tres chicas contaban que esa criminal sometía a las muchachas para que hicieran lo que ella quería, que incluso había matado a muchas y que se bebía su sangre, esto ultimo le parecía exagerado a Rubén. Cruzaron la avenida Universidad y Elena y Rubén se despidieron de Dalia y Jazmin y continuaron caminando una cuadra más.

     A pesar de que todo el día había estado soleado, para la tarde el cielo comenzó a nublarse. El viento era melancolico y traia los recuerdos de lo más profudo de la mente. Powerman sentía el viento en su rostro en lo alto de un edificio en el centro de la ciudad. Si, él conocía la historia de esa criminal que secuestraba jovencitas, en el municipio de Guadalupe ya habían reportado a una muchacha de 15 años como desaparecida, en el municipio de San Nicolas fueron dos, una de 17 y otra de 18; y en su colonia, en el municipio de Apodaca, estaba un cuarto caso de una muchacha de 15 años. Nadie las encontraba, no había muchas pistas que seguir y esos casos ya llebavan bastante tiempo, lo que provocó que se volviera a hablar de ello fue que la hija de un funcionario público fue secuestrada, la quinta victima Cristina de 16 años fue vista por ultima vez cuando se dirigía a la secundaria, hace ya dos días. Todos los días su madre la llevaba pero en esta ocasión una avería en el vehículo provocó que ella sola tomara el camino hacia su escuela. Muchos la vieron irse, nadie la vio llegar a la secundaría.

     Las investigaciones se hicieron mucho más fuerte, en dos días ya habían arrojado resultados y tenían un nombre: Myra Magaña. Esa mujer de cuerpo sensual aun ya entrada de edad, cabello rojo, largo, casi tocando la parte de atrás de sus rodillas, con buen porte y una voz de mando que era difícil de ignorar es empresaria de alto rango en Monterrey. Poseía acciones de bienes raices y de algunos bancos y la manera en que había amasado su fortuna era desconocida. Había sido llamada a declarar pero no se le encontraba nada que la inculparan, algunos informantes que Powerman tenía en la policía aseguraban que había todo para arrestarla y comenzar una investigación en su contra para dar con las muchachas pero ella extorsionaba a muchos funcionarios para salir bien parada — pero nadie sabe cuanto dinero está dando y si realmente lo está dando — Powerman repitió las palabras que un agente le dijo. 

     Pasaron otros dos días. El nombre de Myra Magaña se hizo famoso por el caso de las desaparecidas y las investigaciones estaban arrojando nuevas evidencias que al final iban a parar a cualquier lugar menos a manos de la justicia, todo esto lo sabía por aquel agente que conoció cuando se enfrentó a Numero Dos y Tres, El Oficial Bustamante; también estaba a cargo de dicho caso. No es que entre Powerman y ese oficial existiera una especie de amistad o compañerismo laboral, no existía nada, Powerman estaba más ahí por puro morbo que por otra cosa sin embargo, si algo le molesta mucho a él es que dañen a cualquier mujer. Fue estando cerca de una oficina de la policia que Powerman se dio cuenta sobre un enfrentamiento en un terreno valdio del Municipio de Escobedo. 

     Powerman llegó mucho antes que la policía, en un extenso terreno valdio al sur del municipio había una casa abandonada, desde afuera algunos hombres disparaban hacia ella, de vez en cuando algunos hombres podían asomarse por las ventanas sin vidrios para repeler el ataque. Sin previo aviso, Powerman dejó caer el peso de su cuerpo sobre uno de los vehículos que estaba fuera de la casa, algunos de los tipos voltearon a verlo, estaban bien vestido, no era el típico perfil de criminal que cualquiera tiene en la mente y portaban armas largas, de las llamadas "cuernos de chivo". El techo del auto quedó completamente sumido e imponente sobre él estaba Powerman, protegiendo su identidad con su paño blanco y sus lentes oscuros. Los que lo miraron no lo reconocieron enseguida pero dispararon contra él, Powerman sin inmutarse recibió los impactos de bala sobre su cuerpo. El fuego no se detenía, la agresión tenía dos direcciones, hacia la casa y hacia Powerman, y al ver que sus intentos de matarlo con balas no funcionaban y pensando que estaba fallando el tiro, uno de los hombres de traje corrió hacia Powerman amenazandolo con el arma, antes de que pudiera disparar, Powerman salta en el aire y le golpea con la rodilla en la cara tumbandolo al suelo, aquél hombre sangraba de la nariz y algunos de sus compañeros se distrajeron un poco para observar lo que pasaba, lo que dio tiempo a los otros de contraatacar. Un hombre resultó herido por el impacto de una bala, se dejó caer al suelo para protegerse detrás de su auto y pegó la espalda al mismo, así fue como vio que Powerman se acercaba a él y los dos se reconocieron en seguida. Ese hombre era el mismo que conducía la camioneta en el centro de la ciudad un día antes de regresar a clases — Te va a cargar la verga — Lo dijo con tanta rabía que casi le salía espuma de la boca, tomó su arma, se puso de pie pese a la lluvia de balas que iban y venían y puso el cañón de su arma en la sien del muchacho. Powerman tomó el cañón del arma con su mano derecha, y lo dobló hasta casi quebrarlo. El hombre trató de golpearlo pero el sonido de algo pequeño de metal les hizo mirar hacía sus pies. Desde el interior de la casa había arrojado una granada. Los compañeros de ese hombre corrieron de inmediato, la primer reacción de Powerman fue patearla lejos pero nunca ha sido bueno haciendo eso, era como si fuera un balón de futbol y siempre fue pesimo en eso; por eso la granada chocó contra la puerta del vehículo que tenían enfrente, no muy lejos de ellos —chingado — alcanzó a decir Powerman y explotó. 

     La exsplosión fue enorme, provocó que el tanque de gasolina del vehículo explotara y fue aun más grande por algunas otras cosas que cargaban en ese vehículo. Los criminales se marcharon en sus vehículos dejando abandonado a su compañero. No estaban muertos, pero Powerman y el criminal estaban algo aturdidos por el sonido de la explosión y en el suelo. Apenas comenzaban a recuperar el oido cuando escucharon acercarse a varias personas. Dos hombres altos, con armas largas, gabardinas negras y lentes oscuros. Tres chicas jovencitas, muy guapas y temerosas. Y la mujer que en poco tiempo había logrado demasiada fama, Myra Magaña. El criminal estaba con los ojos bien abiertos, incredulo a haber sobrevivido a tal ataque, se acomodó como pudo sobre el suelo de tierra y comprobó palpandose el cuerpo de que aun siuiera con vida pero el gusto no le duró mucho, una bala fue a dar en su cabeza frente a la vista atonita de Powerman quien acababa de acomodarse para ponerse de pie. Murió en el acto, el criminal cayó de espaldas y así se quedó mucho tiempo. El sonido de un nuevo balazo resonó en aquél lugar, esta vez la bala fue a parar a la sien derecha de Powerman pero la bala no le provocó ningún rasguño.

     Los hombres y Myra se quedaron sorprendidos al ver tal cosa, Powerman se puso de pie inmediatamente frente a los aun más asutados hombres, pero Myra guardó rápidamente compostura. Powerman observó la situación, era relativamente fácil solo eran dos hombres armados, Myra y... la hija del funcionario. Entre las muchachitas que guardaban distancia unos cuantos pasos atrás de Myra estaba Cristina con una mirada perdida, como si le hubieran robado el alma. Con un rápido movimiento, Powerman se pone delante de uno de los hombres de Myra, el que se encontraba a su lado izquierdo, le tira un puñetazo al rostro desde abajo y lo tumba al suelo, el segundo hombre se preparaba para disparar cuando el grito ahogado de una chica lo distrajo. Cristina se apuntaba con un arma a la cabeza — detente o me mato — No lo podía creer, pese a lo que estaba viendo, Powerman no podía creer que Cristina amenazara con quitarse la vida si Powerman seguía con aquel ataque, se le heló el cuerpo, sintió un escalofrío fuerte desde su columna, no sabía que hacer y la risa de Myra Magaña comenzó a burlarse de él y a resonar en su cabeza.

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