Capitulo 7
Rosado
Estaba desconcertado ante semejante situación, Cristina amenazaba con quitarse la vida si Powerman seguía con su ataque ¿Cómo? ¿Cómo es posible que actue de esa manera? — Vamonos — dijo Myra Magaña con una voz autoritaria y se encaminaron a un vehículo del otro lado de la casa, el hombre en el suelo se puso de pie con dificultad y los seguía de ultimo, las tres chicas seguían a Myra Magaña y delante de ella estaba el otro hombre ya abriendole la puerta trasera del auto. Todo el tiempo Cristina sujetaba la pistola junto a su cabeza para evitar que Powerman hiciera cualquier cosa por detenerlos. Aun cuando el auto pasó delante de él, aquella chica seguí con su vista perdida y el arma sobre su cabeza. El sonido de las sirenas de las patrullas se acercaba pero el auto de Myra Magaña se alejaba, arriesgandose, Powerman se elevó por los cielos a una altura considerable para poder seguir a Magaña sin ser visto.
Rubén tenía miedo a las alturas. Todo el tiempo que volaba lo hacía a cierta altura pero siempre trataba de evitarlo, cuando se veía amenazado o cuando la adrenalina llenaba su torrente sanguinieo el miedo pasaba a un segundo plano. Pero definitivamente, Rubén tenía miedo a las alturas y, por ende, a volar. Es por eso que volaba y temblaba, por eso miraba constantemente hacia abajo buscando mantener siempre la misma altura y la dirección que Myra había tomado no le ayudaba mucho, había salido a carretera y ya no había muchas casas ni mucho menos lugares altos donde Powerman pudiera descansar, pero no podía ni debi detenerse. Cada vez fue acercandose más a un conjunto de edificios, comunmente llamados quintas aunque parecía más una especie de hacienda. El vehiculo en el que viajaba Myra y las muchcahcas entró a uno de los edificios y desde su posición Powerman no pudo ver nada más.
La quinta se encontraba bastante retirada del centro del municipio de Escobedo, Powerman no sabía que tan lejos estaba de su casa ni de cualquier otro lugar. No sabía si aun era municipio de Escobedo o si ya era Apodaca — pero ahí, dando la vuelta, está el borde del fin del mundo — se dijo a si mismo en voz baja. Por fin pudo descender al suelo y acercarse con cautela al lugar, sacó su celular para llamar a la policía pero no tenía señal en aquel lugar. Miró en todas direcciones, ocasionalemente se podía ver pasar un vehículo en la carretera a alta velocidad, nada importante. Se adentró con cautela a la quinta buscando por todos lados cámaras de seguridad y trataba de no ser visto.
El lugar se comoponia de 5 edificios. El primero a la entrada, es como un pequeño recibidor que, estando adentro, Powerman pudo observar que solo era un techo, uno que otro guardia dormido y una mesa de patio con sus sillas. El segundo edificio, ubicado hacia el norte del primero, era el más grande y estaba conectado con el primero por un largo pasillo techado. La entrada estaba custiodada por dos hombres altos armados con armas largas. Tenía muchas ventanas pero no se alcanzaba a ver nada hacia adentro. A su derecha estaba el tercer edificio, parecido al segundo pero más pequeño. Y los otros dos, hacia el sur de la quinta, eran como dos bodegas de buen tamaño y un extraño aroma se dejaba sentir desde aquel lugar.
Powerman pasó muy cerca del guardia dormido a la entrada de la quinta, no podía ver ninguna cámara pero estaba seguro que alguna debía estar por ahí fue así como no se fijó en que cerca de su pie estaba una lata de cerveza la cual pateo accidentalmente al tratar de moverse, el hombre dormido, recargado sobre la pared, se despertó de inmediato un tanto confundido, se tardó unos segundos en reaccionar pero al final levantó su arma contra Powerman y disparó. Este recibió los disparos, las balas chocaban contra su cuerpo y caian al suelo después. Los otros guardias se alertaron y corrieron para averiguar que era lo que sucedía, Powerman corrió en dirección del primer hombre y lo golpeó fuerte en el estomago; corrió lo más rápido que pudo por el pasillo en medio de los disparos de los otros hombres y observó que desde todos los edificios comenzaban a salir más personas. Al acercarse a sus dos agresores, a uno lo tomó de un brazo y lo arrojó al suelo y al segundo, con un movimiento rápido lo tomó por el cuello y lo lanzó al patio central de la quinta. Corrió en dirección de la puerta del edificio grande y descubrió que no estaba cerrada con llave. En medio de una lluvia de balas entró.
Dentro había otro pasillo decorado muy elegantemente, daba a 7 puertas distintas, habíendo 3 en cada lado y una más al final del pasillo, siguío derecho y abrió la puerta. Ahora se encontraba en un gran salón igualmente decorado con una gran elegancia, lamparasde cristal colgando y unos impresionantes detalles en los relieves que se encontraban en las columnas. En medio se econtraba una pequeña mesita con un juego de te — ¿Desea que le sirva algo, Señor? — la voz de una joven resonó en la habitación y apareció detrás de unos sillones al fondo de la habitación que apenas Powerman ponía atención. La muchacha estaba vestida provocadoramente, con un traje diminuto de sirvienta que dejaban mostrar demasiada piel y un poco de otras cosas, Rubén se ruborizó bastante y una enorme carcajada resonó en la habitación. Una puerta se abrio y la risa se escuchó aun mas fuerte, el sonido era exagerado, Myra Magaña entró.
— Sabía que me segirías, Powerman — dijo la mujer pelirroja, de gran busto y alta. Con un porte impresionante y una extraña gracia al moverse, denotaba una gran seguridad en ella misma superada solo por su ego — ¿Qué demonios es todo esto? — preguntó Powerman en un tono muy serio y Myra soltó una risita tonta — "todo esto" es mi palacio y ella — apuntando a la chica del traje diminuto — es una de mis sirvientas. Quizá la conozcas ¿No? Es una de las chicas desaparecidas — Powerman giró su vista hacía la chica, la miraba a los ojos tratando de recordar si había visto su fotografía pero la memoría no es un súper póder y Rubén era malo con eso de recordar cosas, mientras la muchacha le sonreía, no parecía mayor de 15 años — Será mejor que la dejes ir — Sonaba tonto, sonaba ridículo, incluso Powerman se sonrojó pues sabía que esa orden no la iba a cumplir aquella extraña mujer — Vete de aquí, Karla — dijo Myra mientras veía a la muchacha, esta se arrojó a los pies de Myra y comenzó a llorar — No me corra, Señora, quiero estar con usted — Myra dirijió su mirada a Powerman y sonreía malevolamente — te he dicho que te largues, Karla. Ya no me sirves — Karla lloraba mas y mas, parecía que aquellas palabras le rompian el corazón, como si estuviera enamorada del peor chico del mundo y se da cuenta de que la ha estado engañando — Señora, mi Señora — Entonces la chica se pone de pie y trata de besar a Myra en la boca, la abraza de una manera extraña que recordaba a dos amantes a punto de revolocarse y apenas dirigia sus manos a partes intimas de Myra cuando esta le propina una fuerte patada después de aventarla. Powerman sentía como comenzaba a emana energía de él, extrañamente el calor de su cuerpo comenzaba a elevarse, no podía controlar esas energías que salían de él, se sentía mal, sentía un malestar en partes de su cuerpo, como si estuviera quemado. No sabía por qué — Entonces ya no quiero la vida — Karla dijo esto y de inmediato se puso de pie y corrió hacia la mesita del centro, tomó una pequeña pistola y la puso contra su pecho, instintivamente Powerman se movió rápido a detener a Karla, logró levantar su mano para que el disparo diera en el techo, aquellas partes de su cuerpo que sentía como quemadas le empezaban a doler, no era quemado, era rosado y a él mismo le causaba gracia pensar en ello, pero esas rosaduras comenzaban a extenderse por su cuerpo. Pensando en ello no vio cuando Karla sacó una pequeña jeringa e inyectó su contenido a la altura de la ultima costilla de Powerman.
Rápidamente los primeros malestares desaparecieron para dar paso a otros. Comenzaba a darle un fuerte dolor de cabeza y unos terribles mareos, no sabía lo que pasaba, sentía que caía y alcanzó a ver a Myra que se acercaba a el riendo a carcajadas, de nuevo esa risa resonaba en la cabeza de Rubén y esto fue lo ultimo que supo.
Despertó en una lujosa cama, en un lujoso cuarto, con un amueblado lujoso. Todo lujoso y brillante. Se sentía como si hubiera dormido por horas y con horror comprobó que sus gafas negras y su paliacate blanco estaban sobre una mesa al lado derecho de la cama, habían descubierto su identidad. Alarmado se levantó de la cama y descubrió que una chica de cabello lacio negro largo lo acompañaba, tenía un traje de mesera diminuto y esta chica estaba un poco más desarrollada — ¿Le puedo ayudar en algo, Señor? — poseía una dulce voz y Rubén se quedó boquiabierto, rápidamente tomó sus cosas y se las puso, la muchacha comenzó a reirse — pero ya te vi, de nada sirve que te pongas eso — Rubén la miró a los ojos — como quiera, me siento más seguro — Rubén se levantó de la cama y la muchacha se encaminó rápidamente para ayudarlo — no te preocupes, puedo yo solo — ella le sonrió dulcemente y aun así se quedó a su lado — Usted está en la preparatoria 16 — Rubén abrió muchos los ojos por detrás de sus lentes oscuros — No sé su nombre, Señor, pero lo he visto ahí. Yo también estaba en esa prepa hasta que mi ama me ofreció servirle — Rubén se sentó en la cama de nuevo — ¿Ama? — La chica se sentó a su lado, puso una mirada timida que la hizo ver muy tierna — Si, ella nos ayudó cuando más lo necesitabamos, ahora le servimos con amor — al escuchar esto a Rubén se le erizó la piel — ¿Y tus padres? Ellos creen que estas desaparecida — Por un momento pareciera que se quedó trabada como una computadora, suspiró profundo y se paró de inmediato. Myra Magaña entró a la habitación inesperadamente — Ama, mi señora — La chica se acercó a Myra pero esta la aventó contra la pared, de nuevo esas rosaduras comenzaron a surgir en Rubén y comenzaba a emanar energía sin poder controlarlo — Levantate — una voz imponente y con gran fuerza dio a Rubén una orden que no pudo ignorar, de inmediato se puso de pie — ¿Qué chingados...? — Myra rió un poco — Te inyecté una potente droga que me sirve para controlarte, claro, con un poco de conocimiento sobre hipnosis ¿Cómo crees que funcionan todas mis sirvientas? — Dentro de la mente de Rubén había una lucha , como si peleara contra si mismo, algo que peleaba contra su voluntad — es hora de irnos, hombre. Tu me serás de mucha ayuda el día de hoy. No puedo creer el increible aliado que tengo contigo aquí. Sigueme.
Powerman no pudo desobedecer la orden y la siguió fuera de la habitación hacia un pasillo largo, afuera había otras tres muchachas y a la cual se les unió la chica que atendía a Rubén. Ellas también siguieron a Myra. Salieron a una cochera, en esta había varios vehículos. Subieron a un auto negro, largo y que parecía muy costoso, Rubén no reconocía la marca del auto, quizá era extranjero, quizá era efecto de la droga. En un auto subieron Myra y Powerman, en otro las cuatro muchachas. Salieron disparados de aquella quinta.
Llegaron a un gran monte, Powerman no podía ubicarse ni tampoco le importaba mucho, hacía ya un tiempo que aquella cosa que peleaba contra su voluntad había dejado de pelear y ganó. En aquel monte había ya otros tres vehículos y había varios hombres con traje y armados fuera de ellos. — Caminas detrás de mi — ordenó Myra a Powerman y este solo asintió con la cabeza. Salieron del auto, detrás de ellos estaban las chicas y todos caminaban detrás de Myra quien se encaminó a encontrarse con un viejo gordo, al parecer el jefe de todos los hombres que estaban ahí — veo que no traes contigo guardias ¿Confias en mi? — preguntó el hombre viejo con una sonrisa decrépita — Veo que tienes una nueva adquizición ¿Acaso tus gustos ya cambiaron y ya te gustan de nuevo los hombres? — rio un poco, Myra le correspondió un poco la risa y continuó con lo que venía a hacer, tronó los dedos y la chica de cabello lacio que atendía a Powerman se acercó cargando un portafolio, se adelantó a Myra y lo abrió para que lo viera el hombre viejo — Es lo que me pediste, Juan — El hombre viejo acarició unos paquetes de droga que contenía el maletín y sonrió satisfecho — ¿Y también puedo quedarme con ella? — Myra asintió con la cabeza. Un hombre de Juan se acercó con un portafolio mientras ese viejo abrazaba a la chica por la cintura — estas tan rica — dijo en una voz acosadora y de nuevo la lucha entre la droga y su voluntad comenzaba en la mente de Rubén. El hombre abrió el portafolio delante de Myra, estaba lleno de dinero, tronó los dedos y una chica se acerco, Cristina. Myra tomó el portafolio y el hombre tomó a Cristina por el brazo de una manera agresiva. La lucha crecía —Señora ¿Qué pasa? — gritaba la chica de cabello lacio mientras el viejo Juan empezaba a besar su cuello. Algo en la mente de Rubén se rompió. Su cuerpo comenzaba a rosarse de manera alarmante, sentía el dolor, sentía la energía que emanaba de su cuerpo. — Ahora eres de ellos. Ya no me sirves, Nidia. Despierta, Nidia — la chica comenzó a gritar en medio de aquello, se sentía confundida y un hombre extraño estaba tratando de tocarla por todas partes, sentía miedo, trataba de quitarselo pero no podía — dejala — una hilo de voz salió de Powerman y Myra asustada lo veía, su rostro estaba conteniendo una furia, una furia enorme que crecía en él y perecíera que lo haría estallar — Callate — le ordenó Myra quien se asustó al verlo completamente rosado, pero Powerman escuchaba y miraba los gritos de aquella muchacha, recordaba su rostro dulce, su mirada, su cabello lacio — dejala — su voz fue más audible y el hombre viejo se detubo un momento, Cristina también había sido despertada por Myra en ese momento y comenzaba a gritar y a llorar, el hombre que la sujetaba le dio un golpe — eres un pendejo — una voz monotona y perfectamente audible surgió de Powerman, no podía controlarlo, ni las grandes cantidades de energía que emanaban de él, sentía que su poder crecía enormemente — ¿Qué pasa, Magaña? ¿Por qué no controlas a tu nuevo novio? — pero las chicas seguian llorando, estaban abusando de ellas y eso es algo que Rubén no podía soportar — Callate, pendejo — su voz contenía ira y comenzaba a caminar en dirección del hombre viejo — DETENTE, POWERMAN — pero Powerman no la escuchaba ya — detenlo, Myra, detenlo ahora o lo mato — Powerman se acercó peligrosamente al viejo Juan y sus hombres no esperaron instrucciones para disparar en contra de Powerman, esta vez las balas le provocaban daño, le dolia mucho cada impacto de bala, aunque no le entraban, el golpe era lo suficientemente molesto y su ira crecía más.
Tomó por el brazo al viejo Juan, lo apretó tanto que se lo quebró, este cayó al suelo producto del dolor y sin poder controlarlo preparaba su puño para partirle la cara sin embargo el grito de Cristina llamó su atención, el hombre que la aprisionaba la tenía conta un vehículo y estaba a punto de aprovecharse de ella mientras que ella peleaba inutilmente por librarse. Con un fuerte salto, Powerman llegó a un lado del vehículo, lo tomó por debajo y lo levantó en el aire, tanto Crsitina como su agresor calleron al suelo, los otros hombres siguieron disparando contra Powerman pero no servía de nada. Rubén le dio una patada en el rostro al agresor de Cristina, le rompió la quijada y se retorcía de dolor. Powerman gritó y estaba a punto de arrojar el auto sobre aquel hombre sin ver que lastimaría o mataría tambien a Crsitina, fue entonces cuando sintió unos brazos que lo rodeaban — Vas a matar a Cristina — gritó Nidia y eso le fue molesto a Powerman, arrojó el auto lejos y escuchaba el llanto de Nidia detrás de él, se separó de ella bruscamente pero ella de nuevo lo abrazo — ya basta, Myra ya se fue — pero Rubén de nuevo se separó de ella, giró rápido y gritó un alarido que Nidia pensó que era más de dolor, sintió un poco de miedo pero entre todo eso dijo — Gracias, Rubén — Algo en su interiór explotó, sentía mucho dolor debido a las rosaduras en todo su cuerpo y dejó liberar enormes cantidades de energía de su cuerpo, gritó fuerte, el dolor era insoportable, su poder creció demasiado, el polvo comenzó a levantarse, Nidia y Cristina sentían la fuerza que saliá de Powerman y el agresor de Cristina corrió asustado, gritó más de lo que sus pulmones puden sostener de aire, la energía que surgía de él se lo permitían y seguía creciendo, tanto que muy lejos de ahí Sonia pudo sentir su precensia y su poder en crecimiento. Pero en la mente de Rubén retumbaba una palabra "gracias".
Habiendo expulsado grandes cantidades de energía esta iba disminuyendo junto con el color rosa de su cuerpo y el dolor, comenzaba a sentir sueño y de pronto cayó al suelo desmayado.
Myra antes de irse había "despertado" a las otras dos chicas quienes escondidas detrás de algunos arbustos veían todo lo que pasaba, una vez que Powerman se desmayó Cristina y Nidia se pusieron aun lado de él y las otras chicas corrieron para acompañarlas. Todas lloraban y a la vez decían "gracias".
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