Capitulo 1
Primer Semestre
La noche calurosa de mitades de año, un aire seco que solo se podía percibir por encima de los edificios del centro de Monterrey, el sonido del motor de una camioneta del año rugiendo, imprimiendo velocidad tanto como podía, algunos disparos y las sirenas detrás de dicho vehículo. Pasaba de las doce de la noche y la Avenida Juarez estaba casi desalojada, lo que hacía una huida fácil para los criminales que de vez en cuando disparaban a sus seguidores. De pronto el perfil de una persona delante de ellos, camina lentamente y estan a punto de impactarlo, sin importarles si quiera, aceleran aun más y dan de lleno contra aquella persona quien sale disparada por encima de ellos. Los criminales rien a carcajadas desde el interior de la camioneta — Será un buen regalo para los cerdos policias — dijo el conductor con sombrio rostro — ¿Regalo para quién? — la voz de un muchacho que ninguno de los criminales conocía sonó desde alguna parte, miraron hacia todos lados pero no vieron nada, fue en ese momento cuando delante de ellos apareció un muchacho con un paliacate blanco en la cabeza y lentes oscuros pese a ser de noche; una sonrisa alegre y burlona se le dibujaba en el rostro.
El conductor frenó el vehículo inmediatamente y el muchacho salió disparado al frente de ellos, rodó unos metros y ante la mirada atonita de los criminales se puso de pie frente a ellos. Su sonrisa burlona se acentuó aun más, como si apenas pudiera contener las ganas de burlarse de ellos, sintiendose superior — ¡Qué chingados..! — Un tipo alto que venía en el asiento del copiloto bajó apuntando con un arma larga, conocida por la mayoria como "cuerno de chivo" — ¡Muerete, Pendejo! — Y abrió fuego contra el muchacho quien no se movió ningun centímetro. Rápidamente los efectivos policiacos llegaron al lugar y rodearon desde atrás la camioneta, no entendían la situación ¿Quién era el muchacho ese que estaba frente a los maleantes? Una docena de policias bien armados se encontraban ya apuntando amenazadoramente a los criminales. — Bajen todos inmediatemente de la camioneta, o ya se los cargó la verga — Si, así con palabras de poca educación la voz de un policía les ordenaba bajar; de aquél vehículo descendieron 4 hombres, 3 de ellos tenían armas y las arrojaron al suelo al ver la desventaja de su situación, el quinto que estaba ya de pie en la calle, arrojó también su arma al suelo. Todos levantaban sus manos y el muchacho se acercó al que le disparó — ¡Ya te cargó el payaso, weeeeeeeeeeee! — le dijo en ese tono burlon y aun con su sonrisa ya cargada de un humor de chiste sangrón y de muy mal gusto — Eso es lo que tu crees — y le regresó la misma sonrisa al muchacho disfrazado de manera ridicula ¿Lentes oscuros en la noche?
El rebote de un objeto pequeño de metal se escuchó cerca de las unidades de los policías, estos se asustaron al descubrir que era una granada y corrieron para protegerse, el muchacho ridículo observó que en el interior de la camioneta aun quedaba una persona y era quien había arrojado la granada. El muchacho dio un gran brinco que rápidamente lo colocó frente a las granaderas, aproximadamente fueron como 10 metros lo que brinco y pese a que sus agresores estaban sorprendidos no tenían tiempo de contemplar tal asaña, era el momento de huir.
El muchacho tomó la granada en sus manos y ya sin tiempo suficiente, explotó. Los policias cerraron los ojos en ese momento, vieron pasar sus vidas delante de ellos como si fuese una pelicula en un cine con una pantalla enorme. Sorprendidos y sin ningun dolor. Vieron al muchacho con los lentes desacomodados, en medio de una especie de esfera transparente. Algunos policias sorprendidos se acercaron a él y antes de que pudieran decir cualquier cosa el chico les ordenó que debían seguir a los maleantes. Aunque la orden venía de un completo desconocido, tenía razón. El muchacho dio un brinco al aire y se fue detrás de los criminales volando ante los ahora más sorprendidos elementos.
Algunas cuadras más adelante, casi llegando a la Avenida Colón, el muchacho se volvió a plantar frente a la camioneta, esta vez no hizo ningun circo, puso sus mano al frente hasta que la camioneta de nuevo lo impactó, esta vez no lo arrojó, sino que solo lo arrastraba delante de ella mientras que el muchacho oponía resistencia para frenar la camioneta con sus manos. Cuando lo logró, los hombres salieron cargando sus armas y abrireron fuego contra él, saltó delante del más cercano, le quitó el arma y la arrojó lejos, le dió un buen golpe en el rostro y lo tumbó al suelo. De nuevo, con un gran salto, se colocó detrás del segundo hombre, quien era el que al principio conducía la camioneta, con una patada lo golpeo detrás de las rodillas, tomó su arma y en ese momento comenzaron a balacearlo, lentamente giró su cuerpo contra el que las balas choaban sin tener ningún efecto, el arma que tenía en sus manos la partió a la mitad y se las arrojó a los otros dos criminales quienes se quedaron asustados e inmoviles. Pronto los otros dos hombres estaban a punto de arrancar la camioneta, al tenerla a su lado, el chico golpeo el cofre de la misma haciendole una abolladura enorme — olvidenlo — dijo con un tono amenazador.
Rubén se despertó muy temprano en la mañana, aun tenía demasiado sueño pero estaba entusiasmado, hoy era el primer día de clases en la preparatoria. Hace ya dos meses que había presentado los exámenes de ingreso, según una señora de limpieza de la escuela él fue el primero en salir del examen. Hace un mes le habían entregado los resultados del examen y la noticia de haberlo acreditado. Se tomaba un café para despertarse, aunque no le gustaba mucho era lo que necesitaba para quitarse el sueño, el resto lo haría la emoción. Como todas las mañanas, su madre encendía la televisión para ver las noticias y daban la más extrañas de las notas — Un hecho sin precedentes se sucitó durante la noche en las calles de Monterrey — decía el conductor mientras le hacian un medio enfoque — En una persecusión que duró alrededor de 30 minutos y en la que los culpables de un asesinate estaban a punto de escapar — hacen un cambio, ahora transmiten algunas imagenes de una camioneta detenida en medio de la avenida Juarez casi llegando a avenida Colón, una persona de mediana estatura que brinca de un lado a otro y golpeando a dos de los implicados en el asesinato. Rubén escupe el café — ¿Qué sucede? — Pregunta su mamá — me queme da dengua — contestó presuroso y continuó con la galleta que había dejado pendiente — ¿Quién es este muchacho que detubo a los criminales? Pareciera sacado de un comic. Lamentablemente, una vez que las unidades policiacas llegaron al lugar este muchacho se marchó y no creeran de qué manera lo hizo. Volando — el conductor pronunció lentamente esta ultima palabra.
Era la hora de irse, apenas era el tiempo justo para llegar a la preparatoria numero 16. Afortunadamente, Rubén no tardó mucho en alistarse y salir, alcanzó el camión que ya se marchaba y en medio de un tumulto apretado de gente se dirigía a su primer día de clases.
Fue el tercero en llegar a su salón. Había un muchacho gordo, alto y con mucho sueño en la fila de en medio y sentado hasta atrás. Había una chica en el otro extremo del salón, junto a las ventanas grandes, miraba fijamente hacia afuera y no podía verle el rostro. Rubén se dirigió al tercer asiento de la segunda fila, comenzando la cuenta de adelante hacia atras y desde el lado derecho del salón, donde se encontraba la puerta. El salón era espacioso, aunque aun no habían llegado todos los alumnos, tenía ventanas grandes por su lado izquiero, por el derecho estabanm unas ventanas más pequeñas en lo más alto de la pared. Los alumnos fueron llegando.
Mientras se distraía dibujando en su nueva libreta, Rubén sintío una extraña presión en el pecho, sentía que algo se acercaba a él y se ponía nervioso, sentía una prescencia. Era un sentimiento extraño, jamás lo había sentido; poco a poco la presencia se acercaba mas y mas. Tenía esa sensación de cuando sabes que alguien viene hacia ti pero tratas de actuar como si no lo supieras, solo esperas a que llegue a ti, calculando mentalmente la distancia que los separa y tratando de escuchar su paso. Estaba afuera.
Una chica pequeña entró al salón. Su cabello largo y chino lo tenía recogido con una pinza para el cabello, dejaba caer dos mechones de cabellos a los extremos de su blanco rostro, se le veía confundida, como todos en su primer día de clases. Rubén no solo podía verla, sentía su presencia. Estaba delante del salón esa chica aparentemente normal, pero ahora le clavaba la vista por unos segundos. después fue a ocupar un asíento en alguna fila que Rubén no quizo averiguar. Sentía que la conocía de algún lado, pero no podía recordarla. Sentía que la conocía desde mucho tiempo atrás.

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